“Nos preocupamos por los gatos” de Eric Scot Tryon

Eric Scot Tryon - Nos preocupamos por los gatos - Susurros Chinos

El chillido de las alarmas se puede oír a dos cuadras a la redonda. Así que abandonamos nuestros departamentos, esos bloques que se apilan uno arriba del otro como Legos. Once pisos en total. Abandonamos nuestros departamentos quejándonos porque prueban el sistema un lunes por la mañana, un aviso habría estado bien, un correo electrónico, una nota en las puertas. Algunos todavía estamos en pijama, con un cereal rebelde pegado en el mentón; otros tienen el cabello mojado y medias dispares, están sin zapatos, todos arrastrados como un mar de cucarachas que salen de atrás de tostadoras, microondas y rodajas de pan olvidadas. Nos sentamos desperdigados, bajo los árboles, en bancos y escalones de cemento. Nos mantenemos distantes de los vecinos desconocidos, de los hombres a los que sonreímos en los ascensores, de las mujeres a las que saludamos con la cabeza en el sector de los buzones.

El chillido de las alarmas se puede oír a dos cuadras a la redonda. No se detiene pasado un minuto como esperábamos. Ni cinco, ni diez. Nos sentamos desperdigados, bajo los árboles, en bancos y escalones de cemento. Las narices pegadas a los celulares. Miramos los porcentajes de las baterías como si fueran bombas de tiempo, imaginando los cargadores en las mesas de luz, en las mesadas o conectados a las computadoras portátiles. Uf, cómo los extrañamos. Las narices pegadas a los celulares. Jugamos al Candy Crush, mandamos mensajes a nuestras madres, escribimos correos electrónicos con pulgares entrenados a nuestros jefes.

El chillido de las alarmas se puede oír a dos cuadras a la redonda. Algunos tratamos de contactar a la administración. Esto es inaceptable. Tenemos reuniones por Zoom a las que asistir, tenemos gatos asustados debajo de las camas, tenemos vidas que vivir en esos bloques que se apilan uno arriba del otro como Legos. Once pisos en total. Miramos los porcentajes de las baterías como si fueran bombas de tiempo. Los números bajan con rapidez en cuenta regresiva, como la maldita cuenta regresiva de año nuevo. ¿Qué hacemos con ese último porcentaje? ¿A quién le enviamos mensajes? ¿Qué muro visitamos? ¿A qué foto le damos me gusta? Cuando las pantallas se apagan, miramos a nuestro alrededor y nos preguntamos cuál de estos vecinos desconocidos es aquel que oímos pelear del otro lado de la cocina y decirle cosas a su esposa que solo se oyen en las películas. Miramos a nuestro alrededor y nos preguntamos cuál de estos vecinos desconocidos es aquel que llora por las noches justo encima de nuestra cama. Mientras estamos acostados, revisando las pantallas hasta dormirnos, el sonido de sus sollozos se convierte en el ruido blanco que al final nos duerme. Miramos a nuestro alrededor y tratamos de asociar las caras nuevas con las vidas que oímos del otro lado de las paredes.

El chillido de las alarmas se puede oír a dos cuadras a la redonda. Extrañamos los cargadores, nos preocupamos por los gatos, nos preguntamos por los vecinos desconocidos. Y entonces lo vemos. El humo que sube en espiral desde la terraza como un fantasma rabioso. Esto no es un simulacro. Tomamos como locos nuestros teléfonos muertos para sacar fotos, para tuitear todo en mayúsculas, para enviar un mensaje a nuestro amigo en Boston.

Traducción: Susurros Chinos

Publicado en Instantáneas de ficción 4

Del original, We Worry for Cats, de Eric Scot Tryon, publicado por Milk Candy Review, mayo 2022.

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Eric Scot Tryon es un escritor de San Francisco. Su obra ha aparecido en Glimmer Train, Willow Springs, Pithead Chapel, Los Angeles Review, Pidgeonholes, Monkeybicycle, Cease, Cows, Longleaf Review, Berkeley Fiction Review, entre otros sitios. Tryon también es el editor fundador de Flash Frog.

Más información:

Sitio web ericscottryon.com

Twitter @EricScotTryon

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