Brazo de cáncer

de Kathy Fish

 

Es el Día de Acción de Gracias y tu madre aparece y desaparece a su antojo. Hace un segundo te tocaba el hombro y te susurraba algo gracioso. Piensas que podrías aferrarte a ella, hundir tu cara en los pliegues de su cuello, pero levantas la mirada y ya no está. Es como si fuera una nube de rocío salida de un aerosol. Huele a jabón Dove.

Tu madre siempre tiene El gran libro de los síntomas del cáncer en la mesita de la sala. No te imaginas a sus invitados hojeándolo alegremente mientras ella parte veloz a preparar tragos, y, sin embargo, allí está, opacando Puestas de sol en las Rocallosas. Completo con poesías, el libro que le regalaste.

El libro tiene diagramas que puedes seguir, como un laberinto, comenzando con un síntoma y respondiendo luego una serie de preguntas que van marcando tu recorrido por la página. A veces te lleva hasta una parte del libro que dice: “Se trata de un resfriado común”. Otras, te conduce hasta el final de la página donde dice: “Consulte a su médico de inmediato” en letras rojas. Las hojas están labradas con las huellas digitales de tu madre.

Es el Día de Acción de Gracias y siempre te sientas al lado de tu cuñado Peter, que es sin duda el más inteligente del grupo, aunque nadie lo escucha. Sin inmutarse, Peter sigue hablando. Siempre sabe cuando estás mintiendo, algo que ocurre seguido. Es una especie de detector de mentiras. Le pides que te pase las arvejas. Te pregunta por qué llegaste tarde. Le dices: “una llamada de larga distancia de un amigo”. “Mentira”, responde, y te quita un pelo del sweater. Entonces le dices: “¡Tienes razón! Pásame el pan, por favor”.

Tu madre escucha los libros de Deepak Chopra en casete. Es algo así como un proyecto que tiene. Siempre pronuncias el nombre Dipachoca y ella te corrige. “Deepak Chopra dice que no deberías pensar demasiado en el cáncer o lo tendrás”.

Pues bien.

Lo que tu madre no sabe es que estás aterrorizada. Piensas en eso todo el tiempo. Cáncer cáncer cáncer. Pierna de cáncer. Brazo de cáncer. Has comido demasiados perros calientes y embutidos de cáncer en tu vida. Te has quemado demasiadas veces con sol de cáncer. Garganta de cáncer. Cabeza de cáncer. Mucho sexo de cáncer.

Tus pensamientos tienen el poder de cambiar la estructura de tus células, cancerizarlas. Puedes sentirlo y te sacude.

Es el Día de Acción de Gracias y tienes seis años. Llevas las medias subidas por encima de las rodillas. Rusty, tu golden retriever, está bajo la mesa, y cada tanto dejas caer un pedazo de pavo para él. Lo que realmente quisieras es una galleta con chispas de chocolate o un poco de melón cortado en trozos. Crees que el estómago hinchado de Rusty es por comer demasiado, aunque la verdad es que casi no come. No pasará la Navidad y tampoco tu padre. Todos lo saben menos tú.

Engañaste a tu marido al mes de casados. Peter lo sabe, pero no te juzga. ¡Ay, cómo quieres a Peter!

Peter se inclina y dice: “¿Cómo estás, Muñeca?”, y quieres decirle: “Me duele todo. No puedo dormir. Toda la comida tiene sabor a queso rancio y estoy asustada”, pero le dices que estás espléndida. Te responde: “No te creo”, y entonces imaginas la palabra “biopsia” flotando entre los dos, en letras redondeadas.

La palabra te suena alegre, casi festiva. Biopsia se relaciona con vida. Es una guirnalda de margaritas alrededor del cuello de una niña. ¿Quién podría preocuparse por algo tan bonito?

Hoy están todas estas personas. Tu hermana Kate y Peter. Tus tíos que nunca se casaron: el tío Fred, que peleó en Vietnam y el tío Brian, que todavía saca monedas de tu oreja; y la pareja de vecinos, Martin y Marie, que vienen todos los años porque no tienen familia. Hay comida en abundancia y la mesa está colmada y, aún así, preferirías comer una galleta o fiambre con un bollo de pan o un tazón de avena, antes que esas tajadas humeantes de pechuga de pavo, o esa montaña descomunal de puré de papas. Siempre odiaste esta comida. Descubres que acabas de agacharte para acariciar la cabeza de Rusty y esto te hace reír y llorar a la vez.

Es el Día de Acción de Gracias y la casa de tu madre resplandece como el oro y resuena con las voces. Tu madre espera a que te incorpores para servirte un plato de pastel de camote. Impaciente, se retira, pero la tomas de la muñeca, llevas su mano a tus labios y la besas, justo a tiempo.

Traducción: Susurros Chinos

Del original Cancer Arm, de Kathy Fish, publicado en Per Contra: The International Journal of the Arts, Literature and Ideas,  otoño, 2008.

*    *    *

Kathy Fish es mentora académica en Ficción, en la Maestría en Bellas Artes Mile-High en la Universidad Régis en Denver. Además, dicta talleres intensivos de dos semanas sobre micro ficción. Su cuarta compilación de cuentos cortos, Rift, escrita en co-autoría con Robert Vaughan, fue publicada en diciembre de 2015 por Unknown Press. Sus relatos han sido seleccionados en convocatorias como Best American Nonrequired Reading 2018, Best Small Fictions 2016, 2017 y 2018. Sus cuentos han sido publicados o lo serán en: The Lineup: 20 Provocative Women Writers, Choose Wisely: 35 Women Up to No Good, Electric Literature, Guernica, Denver Quarterly, Indiana Review, Yemassee Journal, Elm Leaves Journal, Slice, Mississippi Review online, New South, Quick Fiction, entre otras publicaciones. Es autora de otros tres libros de cuentos: A Peculiar Feeling of Restlessness: Four Chapbooks of Short Short Fiction by Four Women (Rose Metal Press, 2008), Wild Life (Matter Press, 2011) y Together We Can Bury It, disponible en Lit Pub.

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