“Por las ramas” de David Schweidel

Por las ramas de David Schweidel Microcuento

No hace mucho, un árbol vino a verme al consultorio. Un roble imponente. La extensión de sus ramas era increíble. No había manera de que pasara por la puerta.

¿Y qué hice? Salí al estacionamiento. Ya otras veces había hecho adaptaciones para clientes. Clientes con necesidades especiales.

Este árbol definitivamente tenía necesidades. No soy arborista, pero podía darme cuenta. En un extremo del tronco había una maraña enorme de raíces, marrón, enredada, y en apariencia caótica. En el otro, una copa de ramas igual de grande. El árbol se desplazaba como una pesa gigante. A su paso,  iba dejando tierra, trozos de corteza y hojas rasgadas, mientras yo lo guiaba al rincón más retirado del estacionamiento.

El árbol (lo llamaré Morris, aunque no sea su verdadero nombre) quería comenzar por el principio. No soy freudiano, pero creo en la primacía de las experiencias durante la infancia, así que dejé que me contara sobre sus días de bellota. Se mostraba orgulloso y también a la defensiva por haber brotado de orígenes tan humildes. Mientras se explayaba en ese sentido, me di cuenta de que se estaba yendo por las ramas.

—Discúlpame —le dije—, pero tienes que llegar a la raíz del problema.

Ambos soltamos un quejido, y tomé esa respuesta compartida como un pequeño avance.

—Te reirás de mí cuando te cuente —dijo Morris.

—No, solo escucharé —respondí.

—Precisamente por eso estoy aquí—dijo Morris.

El estacionamiento estaba tranquilo. Nos encontrábamos en ese momento sereno de la siesta entre el regreso de los que almuerzan tarde y la salida de los que dejan la oficina temprano.  Un avión pasó zumbando sobre nosotros y dejó una tenue estela blanca en el cielo azul pálido.

—En pocas palabras: caí en un bosque. Nadie lo oyó. Desde entonces, no dejo de preguntarme, ¿siquiera hice ruido?

— ¿Tú qué piensas?—pregunté.

—No lo sé. ¿Tú qué piensas?

El sentimiento detrás de su historia no me resultaba ajeno. Cuando tenía poco más de treinta, publiqué un modesto poemario que compraron cerca de doscientas personas, y que leyeron, supongo, muchas menos. De vez en cuando, cuando doy charlas sobre trastornos depresivos, no puedo dejar de advertir a los miembros del público que revisan sus celulares, miran por la ventana o adoptan esa expresión vidriosa de quien solo simula estar escuchando.

Incluso en el ámbito del amor, he conocido el vasto silencio de las caídas inadvertidas.

— ¡Por supuesto que hiciste ruido!—le dije a Morris.

En los comienzos de mi carrera, traté de ser un espejo perfecto. El cliente venía a mí en busca de la verdad, y solo eso veía, sin distorsiones. Me esforzaba por ser neutral, objetivo, por no sobredimensionar ni desestimar. Ahora entiendo mi rol de manera diferente. Los clientes tal vez piensan que quieren la verdad, pero en realidad lo que quieren es esperanza.

Las ramas de Morris se agitaron.

—Creces y creces. Extiendes tus raíces. Pero cuando caes, te preguntas cuál fue el sentido de todo.

Ya llegando al final de mi propia carrera, yo también me lo pregunto, pero no me pareció prudente mencionárselo a Morris.

—Estoy seguro de que dejaste una marca tremenda —le dije.

—Gracias —respondió.

Ninguno de los dos habló por un buen tiempo. La estela blanca del avión se había desvanecido por completo.

—Si tuviese que arriesgar algo… —dije—, el punto no es durar, sino ser.

—¿Aunque, al final…? —preguntó Morris.

—Eso es lo que creo —dije. Traté de hablar con una combinación justa de seguridad e incertidumbre.

Las ramas de Morris se agitaron otra vez.

—¿Tú hiciste eso, o fue el viento?

—Buena pregunta —respondió.

A veces en mi profesión te sientes inexplicablemente cercano a un cliente. Este era uno de esos momentos.

—Debo preguntarte —dije—, ¿hay alguna razón por la que hayas acudido a mí?

—Ah, es que conocía a tu escritorio —dijo Morris, y luego se alejó, dejando un intrincado patrón de tierra, ramas y hojas.

Traducción: Susurros Chinos

Del original Shilly Shallying, de David Schweidel, publicado en SmokeLong Quarterly, Número cincuenta y seis, Junio, 2017.

***

David Schweidel escribe ficción y no-ficción creativa. Su novela Confidence of the Heart ganó el Premio a la Ficción Nacional Milkweed (Milkweed National Fiction Prize). Su libro de no-ficción, What Men Call Treasure, escrito en coautoría con Robert Boswell, fue finalista del Premio a los Escritores del Oeste (Western Writers Award). Vive en Berkeley y enseña poesía como voluntario en una escuela primaria.

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